Fincas periurbanas

Aspectos funcionales

Historia de Bayard y RiyadEntre las diversas funciones que tuvieron las fincas pertenecientes a las élites urbanas del Occidente musulmán destacamos tres de ellas: la agropecuaria, la residencial y la ostentación del poder.

La primera se relaciona con su importante valor como propiedades agrícolas que podían llegar a proporcionar notables rendimientos a sus poseedores, y en las que hubo importantes zonas irrigadas destinadas al cultivo de árboles frutales y hortalizas. En ellas también era frecuente que existiera una importante presencia de cultivos de secano, ganadería e incluso de instalaciones relacionadas con la elaboración de manufacturas; no obstante, fueron los frutos y cosechas de carácter perecedero los que explicaban su cercanía a las ciudades, pues sus mercados fueron el destino principal de estos productos. Fueron también importantes centros experimentales, dedicados a la mejora de especies vegetales autóctonas o a la introducción, aclimatación y difusión de otras alóctonas.

Respecto a su función residencial, debemos entenderlas como espacios ligados a un edificio eminente, de carácter suntuario al que se podían retirar temporalmente califas, sultanes y otros personajes relevantes.

Finalmente, en lo que concierne a la ostentación y representación del poder, son muchos los autores que atestiguan su utilización como lugar de recepción y acogida de visitantes a los que se quería agasajar o impresionar, tanto por la riqueza y suntuosidad de sus instalaciones como por la exhibición del poder y capacidad económica necesarios para crearlas y mantenerlas.

Estas haciendas tuvieron una organización social, económica y espacial compleja. Desde un punto de vista social es interesante subrayar el interés que tiene conocer las relaciones que se establecían en ellas, entre los propietarios y quienes cultivaban las tierras: asalariados, arrendatarios y esclavos. Es necesario afirmar que a este respecto existen más incógnitas que certezas.

Las fincas en al-Andalus

Estas propiedades constituyeron un elemento característico del paisaje productivo de las periferias urbanas, en la misma medida en que sus propietarios eran protagonistas de la escena política y económica de esas ciudades. El estudio de estas élites constituye uno de los pilares del análisis histórico y social que, sin embargo, se ha desarrollado poco en relación con al-Andalus. Es probable que en ello haya influido la escasez de documentos árabes de archivo, así como los planteamientos historiográficos, que han puesto escaso énfasis en los aspectos relacionados con la jerarquización de los grupos que conformaban aquella sociedad.

Sabemos que la existencia de estas fincas en al-Andalus se remonta a los inicios de la llegada de los árabes. El primer emir omeya de Occidente, ‘Abd al-Raḥmān I (756-788), mandó edificar una de ellas al norte de Córdoba: al-Ruṣāfa, llamada así en recuerdo de la finca de su abuelo, el califa Hišām, en Siria. Este tipo de fundaciones experimentará un progresivo desarrollo en años venideros, y sobre todo en el siglo X, coincidiendo con la estabilidad de al-Andalus y la proclamación del Califato Omeya de Occidente por parte de ‘Abd al-Raḥmān III (929).

En el siglo XI, tras la fitna y la caída de la dinastía marwāní, Córdoba sufre una crisis importante, pero otras ciudades continúan e incluso incrementan su desarrollo urbano, lo que da lugar a la aparición y/o al aumento de la presencia de este tipo de almunias, especialmente en las principales capitales taifas. La finca más representativa de este periodo es la Aljafería de Zaragoza.

Marrakech Agdal Dar al-Hana
Vista aérea del Agdāl de Marrakech desde el este. En primer plano, el recinto Dār al-Hanāʾ con el palacio y su gran alberca.

Los califas almohades fueron los constructores de las grandes fincas de Marrakech, como la Menara y el Agdāl, pero también hicieron lo propio en al-Andalus, con la Buhayra de Sevilla o el Alcázar Genil en Granada.

Los soberanos y la aristocracia nazaríes (ss. XIII-XV) poseyeron varias de ellas que son relativamente bien conocidas por los textos, así como por los edificios conservados. En Granada y en su área periurbana destacaron el Generalife, el Alcázar Genil o el Cuarto Real de Santo Domingo; pero también se desarrollaron importantes fincas en las proximidades de otras grandes ciudades del territorio nazarí, como Málaga o Almería.

Granada - Generalife y Chapiz - Plataforma de la ciudad de Granada
Detalle de las almunias del Generalife y del Chapiz en la Plataforma de Granada [1590-1595], Ambrosio de Vico (dib.); Félix Prieto (grab.), 1795. Archivo histórico municipal de Granada.

Estas haciendas no fueron realidades atemporales insensibles a los cambios históricos, por el contrario, se adaptaron en todo momento a las necesidades de sus propietarios y experimentaron, como ellos, los mismos procesos de pujanza y decadencia. Por ejemplo, las cordobesas de época omeya tuvieron una función importante como símbolos de poder, mientras que las nazaríes acentuaron su función productiva y llegaron a ser un medio de supervivencia frente a una mayor demanda de productos alimenticios propiciada por una superpoblación creciente.

Es oportuno señalar que no estuvieron reservadas exclusivamente a los soberanos y a los altos dignatarios de sus cortes. También pertenecieron a mujeres de la realeza nazarí, que las podían administrar por sí mismas, según indican muchos documentos conservados; y, a menor escala, a ricos artesanos y comerciantes que ejercieron en ellas funciones parecidas. En última instancia, podemos decir que estas fincas se convirtieron en un ideal de vida para las élites allegadas al poder real, en la medida de sus posibilidades.

La abundancia e importancia económica de estas propiedades fundiarias nos obliga a convertirlas en objeto directo de nuestro interés científico; su estudio es necesario para avanzar en un mejor conocimiento de la Historia social y económica de al-Andalus. Su proliferación seguramente obedecía a la voluntad de las élites por hacerse con los beneficios crecientes de la producción agrícola, incrementados por una demanda creciente, lo que debió de afectar a las comunidades campesinas de las alquerías. La razón última de este proceso pudo ser, al igual que en el resto de Europa occidental, el despegue demográfico y el consiguiente desarrollo de las ciudades.

Las fincas tras la conquista cristiana

Con el paso de los siglos, y muy especialmente tras la conquista cristiana de al-Andalus, estas fincas perdieron su carácter suntuario a la vez que sufrieron grandes transformaciones y subdivisiones. Excepcionalmente algunas escaparon a estos grandes cambios debido a que eran patrimonio de los soberanos andalusíes, y por ello pasaron a manos de aristócratas y reyes cristianos, como fue el caso del Generalife en Granada. En ciertas ocasiones se han conservado restos importantes de los palacios que las presidían, debido a la solidez de sus fábricas y al hecho de que fueron reutilizados como residencias o monasterios; ejemplos de ello son la Aljafería de Zaragoza o el convento de Santa Clara la Real de Murcia. En los casos en los que los edificios han desaparecido y sus huertas se han desvirtuado, es frecuente que se hayan conservado algunas de sus infraestructuras; nos referimos a las captaciones de agua y a las conducciones, canales y acueductos que se construyeron para abastecer las residencias y regar sus huertas. La estabilidad de las infraestructuras hidráulicas se explica por el simple hecho de que, tras el abandono de los edificios palatinos, los espacios irrigados asociados siguieron con mucha frecuencia siendo explotados y para ello fue necesario mantener los sistemas de riego.

Zaragoza
Representación del Castillo de la Aljafería de Zaragoza y sus tierras en el Plano del ingeniero Miguel Marín de 1757. Madrid, Instituto de Historia y Cultura Militar.

Terminología y fuentes árabes

Sin ánimo de ser exhaustivos mencionaremos algunos de los términos que suelen aparecer en las fuentes árabes: qar[1], dār[2], bustān[3], ŷanna[4] o ŷinān[5]. Para la Córdoba omeya fue muy habitual la denominación de munya[6], y en el Levante español se usaron términos como raal [7] o riyā [8]. Otros términos empleados son raw[9]agdāl[10]buayra [11] o ušš [12].

No se puede descartar completamente que la diversidad de funciones tenga algo que ver con la variedad de términos con que aparecen mencionadas en las fuentes árabes; sin embargo, recientes estudios señalan todo lo contrario, es decir, que los términos pudieran usarse como sinónimos, sin atender a una diferenciación en sus funciones. Una excepción podríamos encontrarla en la obra de Ibn al-Jaṭīb, en donde qadār parecen emplearse en exclusividad para las reales.

La mayor parte de las noticias sobre estas fincas en al-Andalus procede de fuentes cronísticas y literarias, especialmente parcas a la hora de ofrecer datos relativos a su extensión, forma de explotación, producción, gestión, etc. La información más habitual concierne a la vida palatina, insistiendo en sus aspectos lúdicos o de representación del poder.

Conservación

Las implicaciones de este tema no son sólo históricas, sino también culturales en general, puesto que estas fincas conforman el sustrato fundamental de los paisajes periurbanos de muchas ciudades actuales; no es posible comprenderlos ni actuar adecuadamente en ellos, desde una perspectiva de la gestión patrimonial y urbanística, sin tener en cuenta cómo llegaron a configurarse. Además, en muchos casos están en el origen de espacios verdes en los que se han preservado actividades agrícolas y usos del agua tradicionales, así como de ecosistemas valiosos que demandan una adecuada atención a sus valores etnográficos y medioambientales. Creemos que el ejemplo de estas fincas de origen islámico debe servir, en última instancia, como elemento de reflexión para comprender el valor patrimonial (cultural y medioambiental) de los espacios cultivados de los contornos de muchas ciudades y pueblos, sin apenas protección legal y muy presionados por el crecimiento urbano, que en un marco de desarrollo sostenible podrían ser claves para mejorar la calidad de vida y la educación ciudadana.

A pesar del avance de la investigación reciente sobre este tema y del interés que despierta en amplios sectores de la sociedad, apenas se han articulado cauces que permitan profundizar en su estudio, comprensión y divulgación.

Murcia_Castillejo de Monteagudo
Vista aérea de 'El Castillejo de Monteagudo'. Antonio Almagro, 2016.

[1] Qaṣr ibn Saʿd es el Castillejo de Monteagudo (Murcia). Qaṣr al-Sayyid es el actual Alcázar Genil de Granada. La finca de la Aljafería de Zaragoza es mencionada como Qaṣr al-Surūr y Qaṣr al Ŷaʿfariyya. También hay un Qaṣr al-Baḥr en Raqqada (Qayrawān).
[2] Dār al-Ṣugrà (Santa Clara. Murcia), Dār al-ʿArūsa (Cerro del Sol-Granada), Dār al-Aḥmar y muchos otros ejemplos citados por Ibn al- Jaṭīb en Granada.
[3] Bustān al-Nācūra (Toledo), Bustān al-Sumādiḥiyya (Almería).
[4] Ŷannat al-ʿArīf (Huerta del Arquitecto), actualmente se le conoce con el nombre de Generalife, situado frente a la Alhambra de Granada. En esta misma ciudad localizamos el Cuarto Real de Santo Domingo, denominado en las fuentes árabes como Ŷannat al-Manŷara al-Kubrà. Existen otros muchos casos en Granada sin localizar topográficamente: Ŷannat al-Ḥurra Buṯayna y Ŷannat al-Najla al-Suflà.
[5] En Marrakech hemos localizado dos ejemplos: Ŷinān al-Ṣāliḥa (finca almorávide) y Ŷinān Riḍwān.
[6] Munyat al-Nācūra; Munyat al-Rummānīya, Munyat al-Ruṣāfa, entre otros.
[7] Se localizan numerosos rahales en Murcia y Valencia documentados en los libros de repartimiento. Un ejemplo murciano es Raḥal Axarquí (raḥal al-šarqī).
[8] Los diferentes "reales" de las huertas de Murcia y Valencia, documentados a partir de los libros de repartimiento, derivan etimológicamente del término árabe riyāḍ.
[9] Rawḍ al-Masarra. Se trata del Agdāl de Marrakech en época saadí.
[10] El más conocido es la finca majzén llamada Agdāl de Marrakech. En esta misma ciudad existe otro agdāl llamado Agdāl Bahmad. Meknes, Fez y Rabat cuentan con otras haciendas palatinas llamadas con el mismo nombre.
[11] Con el nombre Al-Buḥayra era llamado el actual Agdāl de Marrakech en época almohade. En esta misma ciudad y en las mismas fechas encontramos otras fincas denominadas Buḥayrat al-Raqāʾiq, Buḥayrat Abū Marwān, Buḥayrat al-Nāʿūra, Buḥayrat al-Ṭalaba. De fundación almohade también es la Buhayra de Sevilla.
[12] Hay numerosos casos en Granada, aunque todavía no se han podido relacionar con ningún resto arqueológico. A modo de ejemplo citaremos Ḥušš ʽAlī; Ḥušš al-Ballūṭa y Ḥušš al-Kawbānī.